¿Existen seis dimensiones más?

vivimos en un universo de tres dimensiones espaciales y una temporal podría ser un asunto para olvidar.

Pues aunque desde 1984, al desarrollarse la Teoría de Cuerdas, se sugiere que existen otras dimensiones, tema que unificaría la teoría de relatividad general y de la mecánica cuántica, ahora un par de científicos, David Andriot y Gustavo Lucena Gómez, llegan con nuevas posibilidades para buscarlas.

¿Cómo serán? ¿Pequeñas? ¿Enormes? Todo cabe dentro de las especulaciones. Los dos científicos del Instituto Max Planck para la Física Gravitacional, en Postdam, sugieren que las ondas gravitacionales que han sido detectadas recientemente tendrían la clave hacia esas dimensiones desconocidas que tantos rumores generan.

Estarían escondidas dentro de las fluctuaciones de esas ondas. “Sería sorprendente porque la relatividad general de Einstein no lo predice”, dijo Andriot, quien es experto en gravedad cuántica y teorías unificadas.

Es decir, las ondas gravitacionales podrían estar influenciadas por las dimensiones que predice la Teoría de Cuerdas, una de las que busca unificar aquellas dos y que para su funcionamiento requiere de otras seis dimensiones que no aparecen por lado alguno.

Es que no es sencillo. En el Gran Colisionador de Partículas, científicos han buscado energía que se desvanezca en esas dimensiones extras, pero nada han visto.

Andriot y Lucena Gómez, quien también trabaja en el campo de la gravedad cuántica, calculan que añadiendo ene dimensiones a las cuatro del espacio-tiempo, surgiría una especie de oscilación que estaría presente en las ondas gravitacionales.

Estas se producen en catastróficos eventos en el universo, como la poderosa colisión de dos agujeros negros. La primera onda detectada se hizo en 2015 con el observatorio Ligo en Estados Unidos.

La Teoría de Cuerdas predice que en aquellos eventos cataclísmicos, las ondulaciones deberían viajar también a través de las dimensiones extras, produciendo interacciones leves entre las del modelo standard y las ‘ocultas’.

Aquellas oscilaciones tendrían frecuencias superiores a los 1.000 Hz, pero los detectores como el Ligo no tienen esa capacidad.

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